La responsabilidad es el ingrediente básico para una vida más tranquila, emocionalmente estable y ética. En este artículo encontrarás un ejercicio meditativo incómodo para ir aprendiendo a hacernos responsables de nuestros estados emocionales y mentales, y dejar de echarle la culpa a los demás o a las circunstancias de la vida. Se llama «Ver al monstruo a la cara».

responsabilidad
Fotograma de la película «La mujer y el monstruo» (1954).

¿Y si ves al monstruo a los ojos?

Este ejercicio sirve para entrenarte a ti misma en la aceptación radical de que nada ni nadie han sido, son o serán exactamente como tú necesitas, deseas y quieres. Su objetivo es ayudarte a cultivar la responsabilidad que tienes sobre tus estados de ánimo.

Ya es hora de que conozcas una verdad profunda e ineludible: los demás no te hacen daño, sino que tú te haces daño a ti misma cuando te perturbas por el comportamiento de los otros o por el estado de las cosas en el mundo o en tu mundo.

Es un ejercicio duro, contra-intuitivo y doloroso, pero con la práctica recurrente tiene unos efectos poderosos sobre el estado de ánimo. Por un lado, parece una actitud masoquista esto de acercarnos a lo desagrable voluntantariamente a lo «kamikaze style»; por otro lado, te estás entrenando para aceptar la vida tal cual se presenta y a los demás tal cual son.

Entender que tus estados mentales y emocionales son tu responsabilidad es el único camino hacia la libertad individual. Es lo que te permite establecer límites sanos en tus relaciones con los demás.

Mientras sigas culpando a otros por cómo te sientes tú te será muy complicado sentirte más tranquila y ser feliz. Necesitas recuperar el control sobre tus estados y no dejarlos en mano de otras personas o de las circunstancias de la vida. Esas circunstancias siempre están cambiando y mejorar tu habilidad para relacionarte con las emociones perturbadoras es la respuesta a todas tus preguntas.

La responsabilidad además te ayuda a mantener lejos a la culpa y a la vergüenza. Estas dos emociones son el producto de que has cedido «el timón de tu barco» a otra persona o cosa. Si tú no diriges tu vida, ¿quién lo está haciendo por ti?

Elige un monstruo de turno para que te ayude a cultivar la responsabilidad

Este es un ejercicio de imaginación y de visualización. Elige un «monstruo», puede ser una situación, el comportamiento o los comportamientos de una persona, tus comportamientos, una adicción, cualquier cosa que te esté resultando difícil, desagradable o incómoda ahora, incluso emocionalmente dolorosa o físicamente (dolor crónico, por ejemplo).

Busca un lugar donde puedas estar tranquila por al menos 30 minutos. Siéntate en un postura cómoda. Cierra los ojos para aumentar «la mirada hacia dentro», la introspección. Siente tu cuerpo. El peso. Tu postura. Enfoca tu atención hacia las sensaciones corporales y hacia el efecto de la respiración en el cuerpo. ¿Cómo se siente esto de respirar? ¿Qué partes del cuerpo se mueven cuando respiras?

Manten tu atención enfocada en las sensaciones físicas, tanto las más sutiles como las más fuertes. Nota también tu respiración; permite que ese movimiento oscilante de la respiración te sirva de refugio seguro. Siente esa sensación de estar atenta, despierta y conectada con la respiración por unos 5 minutos.

Sin perder el contacto con tu respiración evoca a tu monstruo de turno. Imagínatelo. Puedes elegir la imagen de un monstruo real como el de la imagen de este artículo. Vas a imaginar que ese monstruo es el «problema» que tienes, la persona, los comportamientos o esa «cosa» que te está impidiendo estar bien ahora.

Puedes imaginar con mucho detalle ese monstruo: ¿tiene pezuñas o uñas? ¿Tiene piel dura, escamas, plumas? ¿Cómo es? Si hiciera un sonido característico ¿cómo sería ese sonido? Si tuviera un olor característico ¿cómo sería ese olor? ¿De qué color es?

Permite que tu monstruo se vaya construyendo en tu imaginación

A veces surgen detalles solos, agrégalos a la imagen mental que has hecho del monstruo. Proyecta en esa imagen ese «problema» que tienes ahora y que te resulta difícil. Imagina que ese monstruo es TU problema.

Si sientes miedo, siéntelo. No te pasará nada. Siente cómo tu cuerpo se estremece o suda o tu respiración se agita. Recuerda que estás en un lugar seguro. Si el miedo te rebasa puedes abrir un poquito los ojos, cerciórate de que estás efectivamente en tu casa o en el sitio seguro que has elegido y que no hay peligro real. Vuelve a cerrar los ojos y manten la imagen del monstruo en tu mente.

Observa cómo tiendes a rechazarlo, a querer que desaparezca de tu vida. Siente esa tendencia.

¿Has pensado que ese monstruo quizás lo que tiene es falta de cariño, hambre o se siente solo? A veces las cosas no son lo que parecen. Puede que se vea como un monstruo feroz, pero hasta los monstruos feroces merecen ser entendidos, amados y cuidados.

¿Qué pasaría si lo miras a los ojos? Pregúntale al monstruo qué necesita. Sigue siempre en contacto con tu respiración y notando las sensaciones del cuerpo.

Atrévete y habla con el monstruo mentalmente

Estos monstruos suelen tener el don de la telepatía. Dile ¿qué quieres de mí? ¿Cómo puedo ayudarte? Si te da miedo puedes decirle: «oye, baja tus garras», «deja de gruñirme», «estoy aquí para ayudarte, quiero entender qué quieres».

Sigue respirando y permite que aparezcan respuestas intuitivas en tu mente. Este es un ejercicio de exploración, no tiene que pasar nada específico, simplemente explora lo que está sucediendo, lo que sientes, lo que piensas. Imagina que sea lo que sea que tu monstruo esté pidiendo (no hace falta saber qué es) tú has logrado entender su petición y estás dándole lo que necesita. Puedes imaginar que hacen las paces, que se abrazan. Tú y tu monstruo.

Reflexiona que aunque tu monstruo y tú sean aparentemente seres diferentes, con necesidades diferentes, resulta que tienen una misma necesidad: ganas de abrazos, de sentirse seguros y aceptados. La misma que tenemos todos los seres vivos.

Cuando sientas que tu respiración está más calmada o que ya ha terminado tu ejercicio (eso sólo lo puedes sentir tú) da por terminada la experiencia, dile adiós al monstruo, dale las gracias y abre los ojos. Has llegado a «casa».

La responsabilidad es sinónimo de aceptación

La aceptación y la resignación con cosas diferentes.

No es una tarea sencilla la que has elegido hoy, pero creo que andarte peleando con la realidad no es un comportamiento muy inteligente. Te hace sentir como una víctima. Ese camino sólo te llevará a generarte más sufrimiento. Es más hábil, como bien propone Katie Byron en su libro: amar lo que es. ¿Por qué? Porque lo que ES ya está pasando te guste o no te guste.

Establecer límites sanos en las relaciones interpersonales es necesario para sanar, pero esto sólo se puede lograr cultivando la amabilidad hacia ti misma. Renuncia a generar más odio, rechazo o cualquier otro tipo de acciones negativas (pensamientos, emociones y actitudes) a través de la reactividad hacia lo que está pasando en tu vida ahora y aquí. Reactividad hacia tu monstruo. Y piensa que el monstruo en verdad está en tu mente y en tu corazón.

Aprende a responder de forma cada vez más hábil, amable y creativa a los estímulos de cualquier tipo que recibas del entorno o que te autogeneres. Cuando estés ante el monstruo de turno piensa en que sólo quiere llamar tu atención.

Quizás sólo ha aparecido en tu vida para ayudarte a sanar tu vida, para que te hagas cada vez más responsable de los estados mentales y emocionales que te generas por reaccionar a las cosas y no darte tiempo para interiorizar y decidir qué quieres hacer con un sentimiento, una emoción o una situación.

Aceptar lo que es no es resignarse. Las cosas siempre están cambiando y tú también. Las demás personas y las situaciones también. Sólo tienes que hacer las paces con la realidad de este preciso momento. Respira profundo.

Las cosas cambian y siempre cambiarán. Es la ley de Naturaleza de todo lo que existe.

Escucha»La culpa y las relaciones afectivas #sersiendo» en Spreaker.

Responsabilidad

Según Marshall Rosenberg en su libro «Comunicación no violenta. Un lenguaje para la vida» negamos la responsabilidad de nuestros actos cuando atribuimos su causa a:

  1. Fuerzas difusas e impersonales: «Limpié mi habitación porque tenía que hacerlo».
  2. Nuestro estado de salud, un diagnóstico o nuestra historia personal o psicológica: «Bebo porque soy alcohólico».
  3. Lo que hacen los demás: «Le pegué a mi hijo porque cruzó la calle corriendo».
  4. Órdenes de la autoridad: «Mentí al cliente porque mi jefe me dijo que lo hiciera».
  5. Presiones de grupo: «Empecé a fumar porque todos mis amigos lo hacían».
  6. Políticas, normas y reglas institucionales: «Tengo que expulsarte por esta infracción porque es la política de la escuela».
  7. Los roles asignados según sexo, posición social o edad: «Me fastidia ir a trabajar, pero tengo que hacerlo porque soy marido y padre».
  8. Impulsos irrefrenables: «Me superaron las ganas de comer bombones y me los comí».»

La toma de responsabilidad sobre nuestra propia vida es lo que nos permite ser más conscientes, éticas y empoderadas.

Última llamada

Cuando se trate de ser amable contigo misma y amarte como nunca nadie lo ha hecho: «Sé imparable como el río que inunda todo y reclama su cauce».


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Nadir Chacín

Fundadora de mindfulnessparamujeres.com. Antropóloga especializada en Antropología Física (ENAH/UNAM) y en Perspectiva de Género, Diversidad Familiar y Tecnologías (Universidad de Barcelona). Es profesora de Mindfulness certificada por Respira Vida Breathworks (España/Reino Unido) y desde el año 2012 es practicante budista dentro de la Orden Triratna. Escribe sobre Crecimiento personal en su blog nadirchacin.com desde 2007, es la autora del libro “Senderos de paz” sobre Budismo Zen y Física Cuántica publicado por la Editorial Santillana en México y produce y conduce el podcast «Ser Siendo con Nadir Chacín” desde 2014. Lleva más de 10 años dinamizando y facilitando experiencias grupales de Desarrollo Humano para la construcción de una ciudadanía consciente, ética y responsable. (Foto: Anaís Gandiaga.)


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La acción [más hábil] no surge del pensamiento, sino de una disposición hacia la responsabilidad.

Dietrich Bonhoeffer

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