La enfermedad, el dolor físico o el dolor emocional pueden llegar de manera inesperada y la mayoría de las veces no sabemos cómo afrontarlos. La reacción más común es rechazarlos y por lo tanto sufrir más. Pero hay una alternativa. Puedes aprender herramientas nuevas que te ayuden a tomar responsabilidad sobre la enfermedad y poder acompañarte a ti misma con amor. Este artículo te ofrece algunas claves para comenzar a ser más amable contigo.

enfermedad

La llegada de la enfermedad

Los seres humanos nos enfermarnos alguna vez en nuestras vidas o muchas veces. Las causas de las indeseadas enfermedades pueden ser físicas, fisiológicas o genéticas, pero también hay un componente psicológico en ellas.

Las enfermedades llegan y nos derrumbamos. Queremos saber por qué “nos tocó” a nosotras, descubrir que hemos hecho mal y deseamos que la enfermedad no hubiese “llamado a nuestra puerta”. A menudo no sabemos cómo reaccionar y nos sumergimos en tratamientos médicos que prometen (o no) una mejoría total.

A veces pareciera que solo quisiéramos que la enfermedad desapareciera. No queremos conocer de qué se trata ni lo que le hace a nuestro cuerpo. Ante la enfermedad nos hacemos las desentendidas, intentamos apartarla, no “escucharla”, no “verla” para alejarla.

Percibimos a la enfermedad como una invasora extraña que nos está arrebatando lo más preciado que tenemos: la salud.

¿Y si la enfermedad no fuera la enemiga?

Esta primera reacción de rechazo es natural, pues ¿quién no querría contar con una salud plena? Al recibir la noticia nos abrumamos tanto que solo queremos que el dolor físico (a veces causado por la enfermedad) y el dolor emocional desaparezcan de manera mágica; queremos sentirnos bien y de inmediato.

Sin embargo, hacer que dichos dolores desaparezcan no es una tarea fácil ni se pueda delegar. Si bien hay una parte que corresponde a los profesionales de la salud pues también hay una parte que nos corresponde a nosotras.

Nosotras podemos tomar responsabilidad de nuestra enfermedad. Podemos hacer mucho más que encargarnos de ir juiciosas al médico, hacernos chequeos y seguir los tratamientos.

Tomar plena responsabilidad de la enfermedad es aceptarla, entender no por qué llegó, sino para qué.

Hacernos responsables de la enfermedad no es luchar contra ella ni rechazarla, al contrario, significa dialogar con ella, acogerla, abrazarla, darle “espacio”. ¿Suena difícil, no?

Acompañamiento a los otros

Cuando un ser querido y cercano se enferma ¿qué reacción tenemos? Lo primero es acoger a esa persona, la aceptamos tal cual es, la apoyamos, queremos acompañarla tanto con nuestra presencia como con palabras bonitas.

¿Cómo se lo demostramos? Con conductas que salen desde el amor: llamándola, preguntando sobre la enfermedad pero también sobre otros temas de su vida, acompañándola al médico, haciéndole favores, empatizando con su dolor, riendo y llorando con ella, o a veces simplemente estando a su lado y en silencio.

¿Qué le decimos? Que vamos a acompañarla, que tranquila, que estamos para lo que necesite de manera incondicional, que juntas vamos a atravesar por este proceso, y que a pesar de que las circunstancias no puedan ser otras porque “la vida es así”, ella no va a estar sola en ese camino.

Ahora, ¿crees que puedes ser contigo misma como lo serías con esta persona en caso de que se enfermara? ¿Crees que puedes decirte a ti misma todas estas palabras de apoyo en ausencia de la salud?

Acompañamiento a ti misma durante la enfermedad

Si estás pasando por un momento difícil es probable que tratarte amablemente no sea lo primero que se te ocurra. Además, al ser mujeres, culparnos es una de las tendencias aprendidas cuando queremos encontrar la raíz de los problemas. Pero poco a poco podemos cambiar la relación que tenemos con nuestro dolor y con este suceso en nuestras vidas.

Una manera de comenzar a cambiar la relación con los procesos de enfermedad es practicando la atención plena o mindfulness en la vida cotidiana. Con esta práctica aprendemos a dejar de culparnos, a abstenernos de preguntarnos qué hicimos “mal” y a en vez de juzgar y rechazar más bien aceptar y actuar con compasión hacia nosotras.

Con la práctica de mindfulness aprendemos a aceptar la vida tal y como es, a vivir en paz con el dolor, a integrar la enfermedad y a mirarnos con amor. Con la práctica de mindfulness nos conectamos con nuestras verdaderas necesidades de afecto, de soporte y acompañamiento emocional que nosotras mismas nos podemos brindar. Sí, nosotras podemos ser nuestro apoyo.

Aproximémonos a la enfermedad, conozcámosla, mirémosla a los ojos y abracémosla. De esta misma manera nos miramos a nosotras mismas, nos abrazamos y nos acogemos.

Quizá la enfermedad llega para que de una vez por todas asumamos la responsabilidad de amarnos y cuidarnos a nosotras mismas. ¿Por qué no comenzar por autorregalarte un curso de mindfulness?

Nadir ChacínNadir Chacín

Fundadora de mindfulnessparamujeres.com, Antropóloga con Maestría y estudios de Doctorado en Antropología y con Especialización de Postgrado en Género, Diversidad Familiar y Tecnologías (Universidad de Barcelona, 2017), Profesora certificada de Mindfulness Respira Vida Breathworks, Maestra (Shihan) en Gendai Reiki Ho, Escritora y Conferencista motivacional, Practicante budista dentro del Movimiento Triratna desde 2012, Bloguera en temas de crecimiento personal desde 2007 en nadirchacin.com, Organizadora de los meetups “Barcelona Mindfulness para Mujeres Meetup”, “La red de lavanderas” y “Practicando Mindfulness en Barcelona”, Autora del libro “Senderos de paz. Deja de sobrevivir y dirige tus pasos hacia el amor y la felicidad” sobre Budismo Zen y Física Cuántica publicado por Santillana México.

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